Las Extraordinarias Aventuras De Joshua Russell Y De Su Amigo Robot. Antonio Tomarchio

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Las Extraordinarias Aventuras De Joshua Russell Y De Su Amigo Robot - Antonio Tomarchio


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      Las extraordinarias aventuras de Joshua Russell y de su amigo Robot

      de Antonio Tomarchio

      Las extraordinarias aventuras de Joshua Russell y de su amigo Robot

      Antonio Tomarchio

      Traducido por María Acosta

      Catania, junio 2018 – febrero 2019

      Copyright © 2019 - Antonio Tomarchio

      Todos los derechos literarios de esta obra son de exclusiva propiedad del autor.

      A María

      Prefacio

      Un muchachito, un auténtico genio, apasionado por la robótica, se hace amigo de un robot alienígena con el cual crecerá viviendo aventuras increíbles y luchando para salvar al mundo de los peligrosos alienígenas. La vida, las pasiones y las aventuras de Joshua Russell se cuentan en un entramado de conspiraciones, peligros e insidias para nuestro planeta. Emociones, amistad y suspense se mezclan con temas importantes como la ecología, la guerra, los riesgos de la tecnología para la vida humana pero, sobre todo, con la ética y el honor. Los acontecimientos de la vida del protagonista y de sus amigos te harán sonreír y conmover pero también reflexionar sobre el futuro de la Tierra, cada vez más superpoblada y contaminada. Será imposible no identificarse con los personajes descritos y no compartir sus emociones.

      La historia comienza en el 2071 y está ambientada en América. Joshua es un muchachito de quince años pero ya rico y famoso por haber inventado, con sólo nueve años, una batería revolucionaria capaz de conseguir mover los robots durante muchas horas. El pequeño genio es un apasionado de los torneos de lucha entre robots y desde hace años intenta construir uno que sea capaz de ganar. Mientras está probando su último autómata Joshua se encuentra con un extraño robot que, al principio, intentará matarlo pero, a continuación, se convertirá en su mejor amigo y su compañero de aventuras y le ayudará a salvar el mundo de una peligrosa amenaza alienígena.

      Joshua, ahora ya adulto, deberá enfrentarse a nuevos retos que lo llevarán a combatir en una guerra en otros planetas contra nuevos enemigos y serán sus decisiones, sus invenciones y su valentía los que decreten el futuro de la humanidad.

      Capítulo I

      Raptor

      El muchacho había acabado de conectar la última tarjeta, aquella más importante, sin ella el Robot no podía ser controlado, luego se había puesto, sobre los antebrazos y las pantorrillas, los controles que servían para moverlo.

      Le dijo que se levantase del banco de trabajo, le hizo trasladar algunos carritos llenos de herramientas para liberar un poco de espacio, luego intentó unos movimientos para verificar que todo funcionase a la perfección. Dio unas patadas, primero hacia abajo, luego hacia arriba, se puso en posición defensiva y comenzó a dar puñetazos como si tuviese delante un saco de boxeo. El robot repetía cada uno de sus movimientos en los más mínimos detalles.

      « ¡Bien, funciona!» exclamó.

      « ¡Este año espero estar entre los diez primeros!»

      Decidió llamarlo Scorpion para distinguirlo de las versiones anteriores. El robot tenía una altura de cerca de dos metros, tenía forma humana y estaba fabricado con una aleación especial, ligera pero muy resistente, lo había construido él cuando tenía diez años, pero lo había perfeccionado sólo con el tiempo.

      El muchacho se llamaba Joshua Russell y tenía quince años. Había conseguido alcanzar un buen nivel de calidad constructiva, había mejorado la estética del Robot pero, sobre todo, el funcionamiento, también porque estaba cansado de verlo destrozado todos los años en el torneo de lucha de robots que se desarrollaba en New York en el mes de mayo.

      Por suerte su padre tenía un taller y había podido ayudarlo en el ensamblaje de las partes mecánicas, pero lo que tenía que ver con la electrónica y el software era todo cosa suya. La parte principal y más importante del robot era la batería especial que él había inventado con nueve años y que le había valido el título de “Super genio del año 2065”.

      El mayor problema para hacer funcionar a los autómatas antropomórficos que ahora ya, con funciones y precios distintos, ayudaban al hombre en muchas actividades, era la energía. Necesitaban mucha y las baterías capaces de suministrarla eran demasiado pesadas y grandes para poder meterlas dentro de los robots. Este había sido el motivo de su escasa difusión y por esto su invento había sido revolucionario y había puesto en marcha su elaboración.

      Había conseguido inventar una batería tan grande como un paquete de cigarrillos pero capaz de suministrar la energía necesaria para que el robot pudiese realizar acrobacias durante unas horas.

      Este invento había traído mucho dinero al magro presupuesto familiar, permitiendo a su familia, que tanto había invertido en pagarle las mejores escuelas, vivir cómodamente y a él participar en las clases de artes marciales y en el famoso torneo de lucha entre robots.

      Una ley prohibía dotar de inteligencia a los robots que, por lo tanto, no debían ser capaces de moverse por sí solos, sino que debían ser dirigidos a través de diversos tipos de telecomandos, dependiendo del uso que se le pretendía dar.

      Los robots para el combate permitían que los muchachos descendiesen al ring sin riesgo de hacerse daño. En los edificios construidos para los combates existían tres rings: uno más grande donde se enfrentaban los robots y otros dos más pequeños, colocados a los lados, donde los propietarios, con los controles puestos, transmitían las órdenes para hacerles luchar sin estar en contacto con ellos.

      Joshua había participado ya tres veces en el torneo pero con pésimos resultados, algunos robots adversarios era lo mejor que la robótica podía suministrar, más veloces, más ligeros y con una mecánica realmente superior a la del suyo. Su excelente conocimiento de las artes marciales lo había ayudado a llegar, como mucho, al décimo puesto que, de todas formas, dado el gran número de participantes, era una posición muy respetable.

      « ¿Para qué me sirve ser cinturón negro si luego ese estúpido robot, para hacer el mismo movimiento, necesita un siglo?» se había preguntado a menudo.

      La última versión de su juguete prometía avances evidentes, pero no podía saber cuánto habían mejorado los adversarios.

      Decidió probarlo fuera del cobertizo para las herramientas que el padre había construido en el terreno cercano a su espléndida villa y que servía incluso de cobertura al refugio subterráneo contra los huracanes. El muchacho se puso unos metros detrás del robot, lo encendió por medio de un botón en el controlador del brazo izquierdo y comenzó a caminar, a cada paso suyo correspondía uno del robot.

      «Hasta aquí todo bien, veamos cómo te las apañas ahora», pensó todo contento.

      Así que comenzó a correr detrás del robot y, dado que no conseguía alcanzarlo, dedujo que iba más rápido que él. Se paró para tomar aliento, luego probó algunos movimientos que había aprendido en la escuela de artes marciales, unas tijeras1, unas patadas arriba, unos saltos y para reírse un poco comenzó a hacerle adoptar movimientos divertidos, gestos de burla y algún paso de danza, en el fondo era un chavalito aunque dotado de una inteligencia superior.

      Quedó satisfecho por cómo respondía su creación a sus movimientos, decidió, por lo tanto, poner a prueba la fuerza y le hizo levantar una gran piedra. El robot realizó con éxito todas las órdenes, a continuación, aunque un poco reticente, Joshua intentó que golpease un árbol para comprender la potencia de los golpes que era capaz de asestar. Dio una patada al tronco que crujió ruidosamente, luego lo golpeó con un puño separando una gran porción de corteza. No quiso ensañarse más con el pobre árbol, aunque quedó un poco desilusionado por no haber obtenido mejores resultados.

      Se dio cuenta de que se había alejado demasiado, había llegado hasta el confín del bosque que rodeaba un pequeño lago. No tenía nada que temer, nadie le habría hecho daño siempre que pudiese usar su Scorpion para defenderse, pero, de todos modos, decidió volver a casa.

      De repente


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